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¿Por qué la muerte de una mascota duele igual que la de un familiar?

 La muerte de una mascota

El impacto emocional y el dolor que provoca la muerte de una mascota para las personas que aman a los animales resulta irremediable y difícil de superar. Se experimenta un proceso de duelo, que podemos igualar al de un familiar o amigo cercano. Pero en este caso, sin la comprensión por parte de toda la
sociedad, ya que no todos van a saber entender ese dolor, y quizás en muchos momentos, no será posible expresar libremente esa tristeza por vergüenza o miedo al rechazo.
Puede existir “falta de empatía” sobre este duelo en particular, por parte de algunas personas que jamás hayan sentido en su vida una conexión tan fuerte hacia un animal; así que no es de extrañar, que lleguen a minimizar el sufrimiento de la persona que está pasando por esta dura prueba de la vida.

La importancia de aceptar el dolor, abrazarlo y dejarlo ir cuando se está preparado.

Las personas perciben en su interior un vacío enorme ante la pérdida de su mascota. No hay nada ni nadie que pueda sustituir a ese ser tan especial; la amistad brutal, la lealtad, el amor, y absolutamente todo lo que se ha construido durante ese tiempo de convivencia entre ambos, resulta indescriptible. Es por esto, que la primera fase que se atraviesa es la negación.
Aceptar que ese “mejor amigo y mejor maestro” se ha ido para siempre y no va a regresar jamás, no es nada fácil. Se trata de un proceso caótico que comienza con la fase de negación, le sigue la del enfado, y es muy probable que pueda aparecer la temida depresión e incluso volver de nuevo al comienzo: a la negación. La manera más sana de afrontar la pérdida es aceptar y abrazar ese dolor; concederse el derecho a vivirlo y a sentirlo, sin culpa y sin vergüenza.
Atreverse a expresar la tristeza con alguien que sepa escuchar sin juzgar, es trascendental; y si fuese necesario buscar ayuda profesional.

Cuando tu mascota marca las pautas de tu día a día sientes que has perdido el control de tu vida.

Si la mascota es un perro se añaden otros factores; y es que para muchas personas estos pasan a ser el centro de su vida, su gran compañía. Especialmente, personas mayores o simplemente, personas que comparten su vida únicamente con sus animales.

Ser tutor marca unas rutinas diarias bastante estrictas. Darles de comer a las mismas horas. LLevarlos al veterinario cuando es necesario. Salir de paseo e ir a lugares legalmente habilitados para poder soltarlos y que puedan socializar con otros perros. Además, son lugares donde la persona interactúa con otras y
se crean vínculos íntimos, incluso surgen nuevas amistades.
El perro es la razón para que algunas personas salgan de sus casas y tengan vida social; por lo que la pérdida del animal es aún más dura si cabe. No solo se pierde un amigo especial, sino una manera de vivir, un estilo de vida. Y aunque sea posible adoptar a otro “amigo de cuatro patas”, primero resulta imprescindible sentirse bien, curar las heridas; darse un tiempo para sanar.

“Hasta que no hayas amado a un animal, una parte de tu alma permanecerá dormida” (Anatole France).